Sinopsis: Bernardo de Gálvez: La Campaña de Pensacola, 1781

Entre 1746 y 1786, discurre la vida de Bernardo Vicente Apolinar de Gálvez y Madrid, tal vez, el mejor y más exitoso de los militares españoles del siglo XVIII.

Una vida dedicada al ejército, desde el que realiza una intensa vida diplomática y de atracción tanto de las naciones indias, como de las poblaciones de cultura y lengua francesa, como de los angloamericanos de los actuales Estados Unidos.

Un hombre que va a destacar en la breve campaña de Portugal, donde obtiene su ascenso a capitán a los 16 años por su valor. De igual forma destacaría en América en su lucha contra los indios sublevados, primero a las órdenes de Lope de Cuellar y posteriormente, a los veinticuatro años como comandante de la frontera (Sonora, Durango y Arizona) Su fama y renombre comenzó a hacerse notar ya en esta época pues los naturales de la zona comenzaron a dar a una travesía del río Pecos (Texas), donde Gálvez había conducido a sus tropas a la victoria sobre los apaches, el nombre de “travesía de Gálvez”, nombre que aún hoy perdura.

Vuelto a España participa en la desastrosa “campaña de Argel” donde es gravemente herido, negándose a abandonar la primera línea hasta lograr el objetivo que le han marcado a pesar de estar rodeado de enemigos; lo consigue, al igual que su ascenso a teniente coronel. Para que se recupere de sus heridas es nombrado profesor de la Escuelas Militar de Ávila, de la que había salido de teniente.

En 1776, cuando ya su tío José es ministro Universal de Indias consigue volver a América, Como coronel del Regimiento Fijo de Luisiana (colonia que ha sido cedida por Francia a España en compensación por la pérdida de la Florida) Pero al llegar a Nueva Orleans se encuentra nombrado gobernador interino sin abandonar su cargo como coronel del Fijo de Luisiana, al haber sido nombrado el anterior gobernador capitán general de Caracas.

La llegada a Nueva Orleans de Bernardo de Gálvez como gobernador puso de manifiesto los verdaderos deseos de España. Gálvez era joven, pues tenía 31 años, era agresivo, buscador de gloria, diplomático, muy simpático, popular, y hombre con una clara misión, recuperar la Florida, por lo cual mantuvo cerrado el desagüe del río al golfo de México, impidiendo el comercio inglés con las posesiones españolas.

Nada más llegar a Nueva Orleans, Gálvez inicia contactos con las distintas naciones indias para atraerlas a la causa de España y gracias a su dominio del francés y a su encanto personal se atrae a los colonos franceses e inicia una provechosa colaboración con los colonos norteamericanos sublevados a los que provee de armas, municiones, mantas, quinina y dinero, que hace llegar hasta el general norteamericano George Rogers Clark en Illinois, cuya situación era desesperada, y que gracias a esta ayuda puede soportar la presión británica y conquistar los fuertes de Kaskaia, Kaokia y Vincennes, con lo cual los norteamericanos aseguraron el control de la región al norte del río Ohio. Tras la “Declaración de Independencia” el 4 de julio de 1776, España había decidido apoyar indirectamente a los insurgentes con dinero y armamento, sin entrar abiertamente en conflicto con Inglaterra. La primera ayuda, consistió en: 216 cañones de bronce, 27 morteros, 12. 826 bombas, 51. 131 balas, 30. 000 fusiles con sus bayonetas y 4. 000 tiendas y una ayuda en metálico de 2. 000. 000 de libras. A este notable auxilio le siguieron otros durante los años 1776, 1777 y 1778, con la cantidad considerable de 7. 944. 906 reales y 16 maravedíes de vellón, sin contar la remesa de 30. 000 mantas para que no pereciese su ejército.

La llegada de las armas y la pólvora hará posible la derrota inglesa en las campañas de esta región. La colaboración de Gálvez supondrá un apoyo decisivo para los ejércitos independentistas. Entre otras ayudas Gálvez presta este año a los independentistas americanos importantes sumas y envía un gran cargamento de provisiones a lo largo del Mississippi hasta llegar a las fronteras de Pennsylvania y Virginia, desde donde fueron distribuidas entre los ejércitos del general Washington y las divisiones del sur al mando del general Lee, y permitirá a los americanos del general George Rogers Clark mantener el control de los territorios al oeste de los montes Alleghany.

Gálvez que ha creado un eficiente servicio de espionaje va a conocer las intenciones inglesas que le afectan, utilizando en este servicio tanto a comerciantes de origen francés, como a norteamericanos y a españoles, y para reaccionar contra los esfuerzos británicos de colonizar toda la costa del golfo de Florida, España colocó a millares de inmigrantes de Málaga y de las Canarias así como a refugiados acadienses en Luisiana, a la vez que refuerza las defensas del río Misisipi y aumenta los escasos efectivos del ejército regular y las milicias.

Al conocer Gálvez la Declaración de Guerra, inicia su penetración en territorio británico. Sólo cuenta con 700 hombres: 170 guerreros veteranos, 330 reclutas, 30 carabineros y 170 ciudadanos voluntarios. A este grupo se le unirán por el camino otros 730 más, entre españoles, alemanes, franceses, indios, mulatos y negros, siendo el primer ejército multirracial de América, con el cual va a conquistar todos los fuertes británicos del río Misisipi y llevar a cabo el control de los lagos Borgne, Pontchartrain y Maurepas, consiguiendo aprisionar a mil soldados británicos, aparte de negros y miles de indios, junto con cuatrocientas cincuenta leguas de tierras fértiles y relajando la presión inglesa sobre las rebeldes tropas norteamericanas.

Ahora se podían intentar los más importantes objetivos, Mobila y Panzacola, que eran las llaves del seno mejicano. Las acertadas órdenes dadas por Bernardo de Gálvez habían logrado el dominio de toda la cuenca baja del Mississippi, desalojándola de ingleses, de forma que con la conquista de San José y San Luis quedaba bajo poder español toda la ribera occidental de este río.

A Bernardo de Gálvez se le reconoció su habilidad en la dirección de los combates, la imaginación de sus planteamientos tácticos y sobre todo el saber transmitir moral, fe, empuje y valor a una tropa tan variopinta, así como por su iniciativa en el ataque. Esta iniciativa le llevó a la victoria en el Bajo Mississippi y sería premiada con su ascenso a mariscal de campo cuando sólo contaba treinta y cinco años de edad. Pero además, estas campañas no solo previnieron los ataques británicos a Nueva Orleans sino que consolidaron la presencia española en el inmenso valle del Misisipi, haciendo que los ingleses abandonaran sus planes de atacar por el río desde Canadá, a la vez que disminuían su presión desde este territorio sobre los establecimientos españoles en San Luis de Missouri en el Alto Mississippi y van a permitir el auxilio español a los colonos norteamericanos. El historiador norteamericano J. W. Caughey escribirá:

“Los éxitos de Gálvez como estratega militar ayudan a formar la configuración política de la América fronteriza durante las siguientes décadas”.

El día 14 enero de 1780 Gálvez emprendería el ataque a Mobila embarcando con mil doscientos soldados veteranos, como primer objetivo para arrojar a los ingleses de la Florida Occidental. Pero el 27 de enero, las tormentas hicieron zozobrar a seis de sus buques en los bancos de arena, despedazándolos, sólo pudieron salvarse ochocientos hombres de la tropa agotados, semidesnudos, sin víveres ni municiones. Gálvez resolvió construir con las tablas de los buques las escalas necesarias para tomar por asalto el fuerte de Mobila. Comenzada esta labor, se produjo la oportuna llegada de cuatro buques de la armada con soldados, víveres y pertrechos. Tras nuevas y largas jornadas de fuertes temporales, establecido el sitio comenzaron los combates. La resistencia enemiga se rompió ante los ataques de las tropas españolas y el 14 de marzo el coronel británico rindió la plaza, dos días antes que tropas de refuerzo inglesas llegaran a la plaza.

Después de Mobila había que ir por la capital Pensacola, muy bien situada, defendida y artillada. Tras un intento fallido debido a las tempestades, que dispersan su escuadra, Gálvez lleva a cabo el definitivo ataque, después de penetrar él sólo en su bergantín “Galveston” en la bahía con su leyenda: “Yo sólo”. El ataque dará a España toda la Florida Occidental.

Tras ella no descansa e inicia la conquista de las Bahamas, mientras prepara la de Jamaica, para expulsar del Caribe a los británicos; mientras su padre, Matías de Gálvez, gobernador de Guatemala, consigue expulsarlos de toda América Central. Para evitar la pérdida de Jamaica, los británicos firman la paz, por la que los colonos americanos obtienen la independencia y España recupera tanto la Florida Occidental como la Oriental y Menorca.

Esta independencia de los Estados Unidos se ha debido en gran parte a España y directamente a Gálvez, que aparte de las importantes ayudas que ha realizado a título personal, pero contando con la aquiescencia de la Corona, y antes de que España entrara oficialmente en guerra con Gran Bretaña, ha permitido el sostenimiento de los ejércitos norteamericanos de Clark, Lee y Morgan; Ya en la contienda España, Gálvez ha conseguido de La Habana y Méjico la cantidad de 2, 5 millones de pesos fuertes que necesita la escuadra francesa para poder llegar al sitio de Yorktown. Aislando por mar al general Cornwallis, cercado por tierra por las tropas norteamericanas.

Tras la paz llegan los homenajes a Gálvez que se ve obligado a volver a España, para recibirlos: vizconde de Gálvestown, conde de Gálvez, capitán general de Cuba y las Floridas, y a la muerte de su padre siendo virrey de la Nueva España, virrey de México.

El poco tiempo que desempeñó el cargo de virrey, año y medio escaso, no le permitió desarrollar un matiz propio de gobierno. Además al encontrarse el virreinato en un periodo de paz, salvo los graves problemas presentados por el “año del hambre”, le impidió demostrar sus dotes de gobernante. Aunque sí pudo ganarse el cariño y la adoración de la mayoría de sus gobernados. Pero estas grandes dotes de gobernante ya las había puesto de manifiesto durante el tiempo que desempeñó el gobierno de Luisiana. Allí supo mostrarse como un extraordinario político y diplomático y atraerse no sólo el respeto de la población francesa de la provincia, sino la amistad de los indios, con los que firmó alianzas.

Sus cualidades de gran militar y excelente estratega las demostró con toda amplitud en la guerra contra los ingleses en el Mississippi y en la toma de Mobila y Pensacola, siendo a la vez el más perfecto conocedor de los asuntos de los nacientes Estados Unidos. Como virrey de México su principal característica es la enorme popularidad que gozó, y que ya había disfrutado en Luisiana, pues a Gálvez siempre se le vio como un hombre sencillo y cordial nada engreído, al que gustaba hablar con el pueblo llano, preocuparse de sus problemas y recibir su aplauso. Fue por esta causa por la que al mismo tiempo que se ganaba el amor de las clases populares se atraía también el odio y la envidia de muchos miembros de las clases altas que llegaron incluso a acusarle ante el rey de traición, pretendiendo que quería hacerse independiente y establecer en el virreinato la “dinastía de los Gálvez”. Los motivos en que se basa esta acusación carecían por completo de fundamento y el rey no prestó oídos a tales habladurías.

Estos mismos enemigos pensaban que Bernardo de Gálvez debía todos sus honores y cargos a la influencia de su tío José, el poderoso ministro de Indias. Es posible que su parentesco hubiera activado su carrera militar y política; pero es indudable que Bernardo de Gálvez poseía méritos propios sobresalientes, demostrados ampliamente a lo largo de toda su vida militar, y que había sabido ganarse la fama y el respeto tanto de sus hombres como de sus enemigos, desde el mismo momento de su salida de la Escuela Militar de Ávila para luchar contra los portugueses, al igual que en sus luchas contra los indios de la Nueva España, los cuales a pesar de su enemistad le admiraban profundamente por su valor y por sus dotes diplomáticas. Su valía se va a poner de nuevo de manifiesto en la “Jornada de Árgel”, en las tierras del Bajo y Alto Mississippi y en la conquista de la Florida Occidental, obra maestra de estrategia militar, y en los distintos cargos que desempeñó posteriormente, y que junto a sus profundos conocimientos políticos y militares, así como por su habilidad diplomática le van a hacer perfectamente merecedor de todos los honores con que el monarca le distinguió.

Su enorme prestigio no sólo lo tendría en vida, en España y sus posesiones americanas, sino que se mantendría en un país, los Estados Unidos de Norteamérica, cuyo apellido sigue dando nombre a ciudades en Alabama, Luisiana y Texas y a una isla en este último Estado, y cuyo gobierno para conmemorar la celebración del segundo centenario de su independencia ha emitido varias ediciones de sellos con la efigie de Bernardo de Gálvez, en homenaje a éste, a la vez, que levantaba una estatua de bronce, junto al Capitolio de Washington, en acto de veneración al gran soldado español que contribuyó decisivamente al triunfo de los ejércitos de Jorge Washington. La fama de su grandeza y de la gran contribución que a través de él España prestó a la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica se sigue incrementando, siendo prueba de ello el nombramiento realizado por el gobierno norteamericano, el día 16 de diciembre de 2014, de Bernardo de Gálvez, como Ciudadano de Honor de los Estados Unidos, caso casi único en la historia de este país, pues a lo largo de la historia este título sólo se había concedido en siete ocasiones a figuras tan importantes como Winston Churchill o la Madre Teresa de Calcuta.

Ya hace 231 años que el 9 de mayo de 1783, el Congreso de los Estados Unidos dictó una resolución para rendir homenaje “al hombre que ayudó a nacer al país”, y el propio general George Washington, ya presidente, manifestaría “las victorias del militar y político español ante los británicos durante la Guerra de la Independencia fueron decisivas para los Estados Unidos”. Con un poco de retraso la admiración y el reconocimiento de sus contemporáneos, se ha extendido a los actuales y el 10 de diciembre de 2014 el retrato de Bernardo de Gálvez se colgó en el Capitolio de Washington junto al del presidente Eisenhower.

Estas concesiones del gobierno norteamericano al gran general español eran bien merecidas por este, pues gracias a sus contundentes victorias en el Mississippi y en la Florida sobre las fuerzas británicas impidió que las tropas inglesas del Mississippi y las Floridas pudieran ser enviadas como refuerzo a los ejércitos de Cornwallis o al del norte, del que tuvieron que detraer fuerzas, enviándolas al sur, por temor de ser atacados a la vez por las tropas independentistas y las de Gálvez. El ejército francés enviado por Luis XVI, y su flota necesitaban apoyo financiero para actuar y este apoyo, dos millones y medio de pesos, fueron pagados por España a través de Gálvez. Este hecho y la protección de la Armada española de las posesiones francesas en el Caribe, es lo que permitió la actuación de la marina francesa en el bloqueo de Yorktown, y el triunfo de la independencia de los Estados Unidos, que muy posiblemente sin la ayuda española hubiera tardado años en conseguirla.

Todas estas circunstancias, debidas en gran parte a Bernardo de Gálvez hacen de él uno de los personajes más importantes de este periodo y a pesar de su corta vida, cuarenta años, el militar más importante y exitoso en América de su tiempo; recuperando para España todo lo que ésta se había visto obligada a entregar como consecuencia de los pactos de familia y de la Guerra de los Siete Años, instaurando el símbolo de la majestad, el poder y la victoria de las armas españolas a lo largo de su vida.

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